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En
Mi Trabajo |
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Nota inicial: Hola, me llamo Natalia. Ahora tengo 22
años y quisiera contarles lo que me pasó cuando tenía
18. Acababa de terminar la escuela secundaria y empecé a trabajar
en una casa de ropa para mujeres. Un día vino una mujer de unos
30 años, pelirroja, con ojos claros y muy lindo cuerpo. Compró
un montón de ropa. Era muy simpática y hablaba mucho.
Quedé muy contenta ya que antes de irse le dijo a mi jefa que
yo era muy buena vendedora, así que recibí las felicitaciones
de mi jefa. A la semana siguiente volvió porque una blusa que
había comprado no le quedaba como ella quería, y me pidió
que la acompañara al vestidor. Me hablaba y me gustaba su forma
de ser, de saber qué era lo que quería, su seguridad.
Me preguntó si tenía novio y yo le dije que no.
Entonces me acarició la cara, diciéndome que yo era muy linda para no tener novio. Me preguntó si tenía experiencia en el sexo y le dije que no, que sólo algunos besos con un par de novios que había tenido. Me preguntó si me gustaban los besos en la oreja, a lo que yo respondí que no sabía. Entonces se acercó despacito. Yo sentía su perfume y me mareaba. Me empezó a morder la oreja y a jugar con su lengua, mientras me abrazaba para que no me moviera. Se alejó de mí y se sonrió. Yo estaba petrificada. Salimos del vestidor y se fue. Y yo quedé como tonta. No entendía mucho lo que me pasaba. Pasaron 3 días. Era viernes y, a mi salida, ella estaba fuera, en su coche. Me alegró verla ya que la sentía como a una amiga. Me dijo que tenía una fiesta y necesitaba alguien que la ayudara a vestirse. Me sonó raro, pero acepté. Además, me dijo que me iba a pagar por el tiempo que estuviera. Como mis padres estaban en viaje de trabajo (son médicos) no había nadie en casa que me esperara. Llegamos a su departamento, muy lujoso y con vistas a un parque que se llama Palermo. Tenía muchas obras de arte y alfombras. Me pidió que sirviera un whisky mientras ella preparaba la ropa y, si yo quería, que me sirviera también. Como mis padres no me dejaban tomar, me serví un poquito y se lo alcancé al cuarto. Me dijo que me sentara en la cama. Había puesto música y bailaba mientras sacaba hermosos vestidos del placard, se los ponía por encima y me decía "¿te gusta?". A mí me encantaban todos, pero ella no se decidía. Cada tanto tomaba un poco de whisky y se reía. De repente, empezó a sonar un tema lento, Eyes without a face de Billy Idol. Lo dejó todo, me tomó de las manos y me dijo que ese tema le encantaba y que siempre lo bailaba con quien estuviera con ella. Como es un tema muy lento, me abrazó muy tiernamente y apoyó su cara en mi hombro. Yo me sentía bien con ella y no le dí mayor importancia al hecho de estar bailando así, tan apretadas. Sentía su respiración en mi cuello y me hacía cosquillas. Me susurró al oído si me había gustado cuando me había besado en el vestidor y le dije que sí. En ese momento empezó a besarme nuevamente. Mientras sus manos me acariciaban la espalda, lentamente su lengua pasó de mi oreja a mi cuello, mientras seguíamos bailando. Ella me iba llevando a la cama, me empujó y caí sobre los vestidos mientras la tenía a ella encima mío. No me dejaba mover ya que tenía más fuerza que yo. Me acariciaba la cara y me decía que era muy hermosa. Bajó sus manos a mis pechos, que estaban duros de la excitación. Los masajeaba con sabiduría y yo sentía cómo me iba mojando. Me hizo cerrar los ojos y sacar la lengua. Comenzó a morderla y jugaba con la suya sobre la mía, hasta que metió su lengua dentro de mi boca, al tiempo que sus manos llegaban a mi entrepierna y metía sus dedos dentro. Gemí de placer. Como tenía una falda, no le fue difícil llegar. Comenzó a sacarme la ropa mientras seguía acariciándome y besándome. Ella tenía una salida de baño de la que se desprendió rápidamente. Puso sus pechos sobre mi cara. Eran muy bien formados y estaban durísimos. Hacía mucha gimnasia. Yo comencé a pasarle la lengua y a morderlos. Ella gemía y eso me excitaba más. Ya sin ropas, siguió mordiéndome y besándome por todos lados, y se fue acercando al centro de mi ser. Separó mis piernas y se internó con su lengua en mi vagina. Yo gemía y tenía movimientos que no podía controlar. Ella mordía, lamía, chupaba y gritaba. Yo cerraba los ojos y arrugaba los vestidos con la mano por el placer que ella me daba. De a poco se fue dando la vuelta hasta quedar con su sexo frente al mío. Inmediatamente la tomé de la cintura y comencé a hacer lo mismo que ella me hacía a mí. Ella se movía de arriba hacia abajo, produciendo una penetración
más profunda de mi lengua. Gozábamos las dos al mismo
tiempo. Nunca había sentido tal cantidad de sensaciones. Una
y otra vez ella metía su lengua y sus dedos dentro de mi vagina
y yo hacía lo mismo, hasta que estallé en el mejor orgasmo
de mi vida (hasta ahora). Quedé inmóvil un instante
y ella terminó sobre mí. De más está decir
que no fue a la fiesta y yo me quedé todo el fin de semana
en su casa. Pero eso, otro día se lo cuento. |
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